El vocablo lealtad proviene del latín “legalis” que significa “respeto a la ley”. También lo definen como el “cumplimiento de lo que exigen las leyes de la fidelidad y las del honor y hombría de bien”.
Como lealtad entendemos entonces el carácter de una persona que expresa un sentimiento de respeto y fidelidad hacia otro ser humano, hacia un compromiso; una persona que posee un sentido de comunidad, que profesa principios morales.
Es sinónimo de “nobleza, rectitud, honradez, honestidad”, entre otros valores
morales y éticos que permiten desarrollar fuertes relaciones sociales o
de amistad en donde se crean vínculos de confianza muy sólidos.
Asimismo, el término leal define a lo “que guarda a
alguien o algo la debida fidelidad”. Este adjetivo identifica a un
individuo fiel de acuerdo con sus acciones o comportamiento. Por ello,
una persona leal es aquella que se caracteriza por ser dedicada,
inclusive cuando las circunstancias le son adversas.
La lealtad como valor es una virtud que se desenvuelve en nuestra
conciencia, en el compromiso de defender y de ser fieles a lo que
creemos y en quien creemos. Consiste en la obediencia de las normas de
fidelidad, honor, gratitud y respeto.
Frases de la lealtad
“ El amor y la lealtad son más profundos que la sangre ”
(Richelle Mead)
“ Donde hay lealtad, las armas no sirven ”
(Paulo Coelho)
“ No te ganas la lealtad en un día. Te la ganas día a día ”
(Jeffrey Gitomer)
La lealtad posee numerosos aspectos y ha sido motivo de análisis por
escritores creativos y tema de estudio de psicólogos, psiquiatras,
sociólogos, estudiosos de la religión y del ámbito de los negocios y la
mercadotecnia, economistas políticos y, en especial, teóricos de la
política, que se ocupan de aspectos tales como los juramentos de lealtad y patriotismo.
La Encyclopædia Britannica, en su edición Nº 11,
remonta las raíces de la palabra «lealtad» al siglo XV, haciendo notar
que en esa época se refería a la fidelidad en el servicio, en el amor, o
a un juramento que se había realizado.
En la Biblia cristiana, Jesús dice «dad al César lo que es del César y a Dios
lo que es de Dios». Ello define un límite a la autoridad del hombre.
Desde el punto de vista cristiano, existe una esfera más allá de la
terrenal y, si la lealtad al hombre entra en conflicto con la lealtad a
Dios, la última tiene prioridad.
Si bien se considera a este valor como una promesa del alma,
fortalecerla y transmitirla se reflejará en el ejercicio diario que nos
proponemos al ser mejores. Siempre estaremos expuestos a lo que conviene
por sobre lo que debemos elegir, esto generará un trabajo adicional.
Debemos también considerar su lado invisible: cuando hablamos de “nobleza, rectitud, honradez, honestidad”,
no queremos decir obediencia absoluta sin considerar los mandatos del
corazón y del alma. Tengamos presente que las lealtades invisibles o
inconscientes a personas, instituciones e inclusive al sistema familiar
actúan muchas veces como trabas u obstáculos en la libertades del propio
ser.
Seamos leales a nosotros mismos, teniendo en cuenta que este valor traspasa nuestro cuerpo y destila una poderosa energía,
cuyo objetivo está fijado en encontrar y atraer a nuestros iguales, a
nuestros leales. Y ya verán, se sorprenderán, porque son incontables.

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