RADIO KRIMINAL

sábado, 6 de enero de 2018

Adiós a la mentira de Santa Claus y los Reyes Magos ..

¿Podemos excusar la mentira a los hijos sobre Papá Noel, Santa Claus o los Reyes Magos apoyándonos en la idea de que queremos avivar su imaginación y darles una infancia más feliz?
Publicado el día 17 de Diciembre del año 2012 por el profesor David Kyle Johnson en Plato on Pop,
Los padres, a menudo, sienten una punzada de culpabilidad cuando mienten a sus hijos sobre los personajes ficticios de Navidad, como por ejemplo Santa Claus. Pero, en su artículo “La mentira de Santa Claus: ¿Está la Navidad lastimando a nuestros niños?” (artículo en inglés), la autora Melinda Wenner Moyer, sostiene que la mentira de Santa Claus forma parte de las mentiras bienintencionadas o mentiras buenas. No hay necesidad de sentirse culpable, dice, “porque los padres mienten por el bien de sus hijos”. No estoy de acuerdo. Tenemos que prestar atención a esa punzada de culpabilidad para mantenernos alejados de las inmoralidades y el comportamiento potencialmente peligroso.
La primera vez que discutí sobre este tema fue en el año 2009, en un artículo de opinión para el diario Baltimore Sun, titulado “Lo siento, Virginia” (artículo en inglés), sugerí que deberíamos evitar la mentira de Santa Claus por tres razones: (1) Se trata de una mentira injustificada, (2) se corre el riesgo de dañar la credibilidad de los padres, (3) fomenta la credulidad y el mal comportamiento. Uno de los argumentos que la gente expuso [en medio de una increíble cantidad de cartas llenas de mala sangre que recibí, las cuales las pueden leer aquí (sólo en Inglés)] fue, esencialmente, el argumento que Moyerbut presenta. “La mentira de Santa Claus invita a imaginar y la imaginación es buena para los niños”. Moyerbut dice que, “lo que el personaje de Santa Claus hace… es alimentar la imaginación” y un “tipo de juego imaginativo que despierta la creatividad, la comprensión social e, incluso, por extraño que parezca, el razonamiento científico”.
Por supuesto, Moyerbut tiene razón en los beneficios de la imaginación. Lo que ella (y otros que proponen argumentos similares) no tiene en cuenta es que lo que está defendiendo, la mentira de Santa Claus, en realidad no promueve la imaginación ni el juego imaginativo. La imaginación implica fingir y hacer como que algo existe, para ello, es necesario creer que ese algo en realidad no existe. ¿Acaso los cristianos “imaginan” que Jesús resucitó de entre los muertos? ¿Los Musulmanes “imaginan” que Mahoma montó su caballo Al-Boraq y viajó a toda velocidad desde La Meca a Jerusalén y después ascendió al cielo? Por supuesto que no, ellos creen que todo eso es real. Engañar a un niño haciendo que crea que Santa Claus existe no fomenta la imaginación, sino que la ahoga. Si realmente quiere estimular la imaginación de sus hijos, dígales que Santa Claus o Papá Noel no existe, pero que, de todos modos, van a jugar en Navidad a que sí.
Muchos niños juegan a ser Santa Claus, esto es algo que sí requiere imaginación. Pero no es necesario hacerles creer que Santa Claus es real para que jueguen de esta manera (del mismo modo que no hace falta hacerles creer que Star Trek es real para que ellos jueguen a explorar planetas alienígenas en el patio de casa).
Moyerbut, reconoce el problema de que sus hijos podrían perder la confianza en los padres cuando se dan cuenta de que se les ha mentido, pero sostiene que en realidad no va a ocurrir. Cuando los niños se enteran de la verdad, una gran mayoría es capaz de diferenciar entre las mentiras y las mentiras bienintencionadas, y lo verán como una mentira bienintencionada. En consecuencia, no se enfadarán, ni empezarán a pensar que mentir es aceptable ni rechazarán sus creencias religiosas.
Aunque Moyerbut tiene razón cuando afirma que la mayoría de los niños no sufren ningún efecto negativo al conocer la verdad, se equivoca cuando afirma que ningún niño lo hace. En el artículo “Contra la mentira de Santa Claus: La verdad que tendríamos que contarles a nuestros hijos” (capítulo doce de la obra Navidad y Filosofía de Scott Lowe) documento algunas historias terribles acerca del “gran momento”, historias que demuestran que, a menudo, el descubrimiento de la verdad sobre Santa Claus no siempre es sencillo. Así, encontramos todo tipo de consecuencias: desde la erosión de la autoridad y confianza en los padres hasta la conversión del niño en ateo. Por ejemplo: El niño Jay defendió la existencia de Santa Claus frente a toda su clase, apoyándose en que “su madre no le iba a mentir”, pero, leyendo en voz alta la entrada de Santa Claus en la enciclopedia ante toda la clase, descubrió dolorosamente que, efectivamente, no solo no era real, sino que además su madre le mentía.

Cuando la pequeña Tennille descubrió la razón por la que no siempre conseguía lo que le pedía a Santa Claus era porque él no existía, ella interpretó que la inexistencia de Dios era lo más probable ya que sus oraciones tampoco recibían respuesta. No estoy diciendo que esto le suceda a todos los niños, estoy diciendo que puede ocurrir. En el caso de los creyentes, no creo que quieran poner su fe en juego. Por supuesto, en el caso de los ateos, no habrá ningún problema si la mentira de Santa Claus lleva a un “despertar”.
Con todo, los ateos deberían tener aún más razones que otros para no apoyar “la mentira de Santa Claus”.

Moyerbut sugiere que Santa Claus alienta “El juego fantástico que lleva a los niños a pensar a través de escenarios hipotéticos o ficticios, que refuerza sus capacidades de razonamiento”. Una vez más, no es la propia creencia de que Santa Claus existe lo que lleva a esto. Con contar la historia, admitiendo que no es cierta, sería suficiente, igual que hacemos con el resto de cuentos de hadas que contamos a nuestros hijos.
Cualquier efecto positivo que pudiera tener creer en Santa Claus va a ser contrarrestado y superado por los efectos negativos de todo lo que es necesario hacer para mantener la creencia. No me malinterpreten, los niños necesitan aprender cómo razonar de forma eficaz y pensar críticamente, y aplaudo a Moyerbut por alentar a los padres a hacer esto. Pero alentar a sus hijos a creer en la mentira de Santa Claus, es lo último que fomenta el pensamiento crítico y el razonamiento eficaz en los niños.
Pensemos en lo que muchos padres hacen para mantener a los niños en esta creencia. Cuando un niño tiene dudas, los padres suelen animar al niño a reprimir esas dudas y seguir creyendo: “solo cree lo que tu quieras creer, después de todo ¿no es más divertido?”. A veces, recurren a las pruebas falsas (o muestran falsos documentales “científicos” ), recurren a falsas explicaciones o, lo peor de todo, sólo dicen que “es mágico”. Todo ello es directamente contrario a lo que los padres, que quieran desarrollar el pensamiento crítico en sus hijos, deben hacer. Ahogar dudas, mantener creencias solo porque se quiere creer en ellas (en lugar de buscar la prueba), convencerse con pruebas falsas, engañarse con explicaciones cuestionables y apoyándose en la magia; estos son los malos hábitos de un pensamiento “pobre” que tengo que trabajar cada semestre con mis estudiantes para alcanzar un pensamiento crítico. Y, como es lógico, los estudiantes con más dificultades en este sentido son aquellos que han creído en Santa Claus durante mucho tiempo (más allá de los 8 años y, a veces, hasta la adolescencia).
Si sus hijos creen en Santa Claus o Papá Noel o los Reyes Magos, entonces Moyerbut tiene un consejo que suscribo: Convierta la experiencia de descubrir la verdad en un ejercicio de pensamiento crítico; trate de conseguir que descubran la verdad por su cuenta, razonando.
Si todavía está pensando qué decirle a sus hijos, decántese por decirles la verdad. Después de todo, como Moyerbut dice: “A pesar de que la mentira bienintencionada puede ser un apoyo muy conveniente para la crianza… por lo general es mejor usarlo lo menos posible, tanto para reforzar la confianza padres e hijos como para predicar con el ejemplo”. ¡Tiene razón! Pero se equivoca cuando mantiene que el período de Navidad es una excepción a esta regla. Y si se preocupa acerca de lo que sus hijos pueden decir a otros niños, no tiene más que enseñarles a decir la siguiente frase: “En nuestra casa, Santa Claus es sólo ficción”.
David Kyle Johnson

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